Lees más de lo que disfrutas (y no es culpa tuya)
Lees más de lo que disfrutas (y no es culpa tuya)
Leer se ha convertido, para muchos, en una actividad que se mide en números: libros al año, páginas por día, retos cumplidos. Sin darnos cuenta, trasladamos a la lectura la misma lógica de productividad que usamos para el trabajo, y ahí empieza el problema. Cuando leer se vuelve una meta que hay que tachar, el disfrute queda en segundo plano.
No es que leas mal ni que hayas perdido el amor por los libros. Es que nadie nos enseñó a revisar cómo leemos ni desde dónde elegimos nuestras lecturas. A veces seguimos leyendo por costumbre, por prestigio cultural o por miedo a abandonar, aunque el texto ya no nos esté diciendo nada.
Abandonar un libro no es un fracaso lector, es una decisión informada. Cada página que no te dice nada es tiempo que podrías dedicar a un libro que sí dialogue contigo. Leer menos, pero con más atención y deseo, suele ser el primer paso para volver a disfrutar.
También influye el ruido externo: listas, recomendaciones constantes, novedades semanales. Todo parece urgente y valioso, y terminamos leyendo lo que “toca” en lugar de lo que necesitamos. Escuchar tu propio ritmo lector es un acto de criterio, no de aislamiento.
Tal vez no necesites leer más, sino leer mejor para ti. Volver a elegir desde la curiosidad, no desde la obligación, puede cambiar por completo tu relación con los libros. Leer debería ser una experiencia viva, no una tarea pendiente.
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